Lo mas selecto
Lo mas selecto Yo lo habÃa previsto: Mary pintó el cuadro de un tirón. Rápida y directamente, en la medida en que lo permitÃa el género de obra que resultó ser. Al principio, dejé sola a mi amiga, dejé que el fermento trabajara, sin molestarla con preguntas y sin pedirle noticias; pasaron dos o tres semanas y no me acerqué a su casa. Al final, una tarde, cuando anochecÃa, fui a hacerle una visita. Supo al instante lo que querÃa.
—Oh, sÃ, lo estoy pintando.
—Bien —dije—, he respetado tu concentración, pero la verdad es que he sentido curiosidad.
Tal vez no podrÃa decir que nunca estaba tan triste como cuando reÃa, pero es cierto que siempre reÃa cuando estaba triste. ¿Y cuándo no lo estaba, en el fondo, pobrecilla? Sus breves muestras de alborozo distinguÃan sus peores momentos. Pero ¿por qué tenÃa que encontrarse entonces en uno de ellos?
—Oh, ya conozco tu curiosidad —me contestó; pero el pequeño escalofrÃo de su risa apenas la satisfizo—. El hombre del retrato va saliendo, pero todavÃa no puedo enseñártelo. Debo ir haciéndolo como pueda, a mi manera. El retratado ha insistido en parecerse a alguien —añadió—, pero nadie lo sabrá.
—¿Nadie?
—Nadie que ella conozca.
—Ah, no parece que conozca a nadie, la pobre.
—Tanto mejor. Me arriesgaré.