Lo mas selecto
Lo mas selecto Diré de inmediato que mi observación de la señora Bridgenorth en ningún momento fue de naturaleza tal que me llevara a privarme de la afición mencionada. Gracias a la impresión que me habÃa causado, la vida me parecÃa tan prodigiosa y Londres una ciudad tan sorprendente como siempre habÃa sostenido, y nada podrÃa haber estado más a tono con esta experiencia que el modo en que todo resultó evidente entre ambos sin que dijéramos nada. Nos mantuvimos en la superficie con la tenacidad de dos náufragos agarrados a una tabla. La tabla era la mirada que concentrábamos en el presente de la señora Bridgenorth. ConcedÃamos que su pasado existÃa para nosotros sólo bajo la bella forma que ella habÃa rescatado y a la cual todavÃa se adherÃan algunos retazos de su identidad. Era amable, cortés, sistemáticamente correcta. Más que otra cosa, parecÃa que se limitaba a esperar. Era como una casa recién restaurada que sorprendiera ver todavÃa vacÃa. La señora Bridgenorth esperaba que sucediera algo, que alguien llegara. Esperaba, sobre todo, la obra de Mary Tredick. Sin duda, contaba con que ésta la ayudarÃa.