Lo mas selecto
Lo mas selecto Había vuelto a mirarlo y, al oírme, volvió hacia mí los ojos; pero me di cuenta de que no podía hablar y, al final, apenas pudo pronunciar un indescriptible «¡Satisfecha!», de manera que no me sorprendió cuando de repente —igual que había hecho Mary: al parecer, el modelo poseía esa capacidad— estalló en llanto. A pesar de lo que se pueda pensar de mí, no me siento especialmente cruel por relatar lo que hice entonces, pues es cierto que mientras la señora Bridgenorth lloraba tuve una repentina inspiración en nombre de los intereses de la señorita Tredick. Además, antes de que mi interlocutora se recuperara, sabía exactamente qué me preguntaría a continuación; y de modo consciente lo provoqué para terminar de una vez. Le expliqué que no tenía la menor idea de la identidad del modelo de la artista, sobre la que no me había dado ninguna pista. Sólo tenía la sensación de que lo había conocido, de que lo había conocido bien; y, al margen del material con que pudiera haber trabajado, el hecho de que ella también lo conociera era una coincidencia pura y simple. Pertenecía al terreno de lo prodigioso, pero esos prodigios pasaban. Mi visitante me escuchó con avidez y credulidad. Se sintió tranquilizada. Entonces vi venir su pregunta.