Lo mas selecto
Lo mas selecto —Bueno, si a ella ni le pasa por la cabeza que fue nunca nada mÃo o que lo sea ahora, voy a pedirle un favor muy especial y le ruego que no se lo diga. Querrá saber, como es natural, qué me ha parecido. DÃgale que estoy encantada ¿y puedo pedirle que me prometa que no dirá nada más?
Lo dijo con una expresión de súplica en el rostro, pero tuve que pensar un poco.
—Primero tengo que ponerle algunas condiciones y una de ellas es también una pregunta, pero más franca que las suyas. Este misterioso personaje, frustrado por la muerte, ¿iba a casarse con usted?
Contestó con valentÃa.
—Sin duda, de haber vivido.
Me hizo gracia la ingenuidad de su «sin duda».
—Muy bien, pero ¿por qué desea que la coincidencia…?
—¿No la sepa? —sabÃa exactamente por qué—. Porque si lo sospecha, no querrá que me quede con el cuadro. Además —añadió con decisión—, debe permitir que lo pague sin demora.
—¿A qué se refiere cuando dice sin demora?
—Le mandaré un cheque en cuanto llegue a casa.
—Oh —me re×. Entendámonos: ¿por qué cree que no querrá que se quede el cuadro?
La respuesta se hizo esperar un poco, pero cuando llegó fue perfectamente lúcida.