Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡La señora Brivet, maldita sea! Si cree que quiero a otra. Eso es lo que tiene que parecer y, por supuesto, sin que falte un detalle. Lo que tengo que hacer es empezar a tratar…
—¿Tratar…? —pregunté, puesto que se habÃa callado.
—Bueno, pues tratar en público a alguien; alguien con quien sea fácil llegar a un acuerdo, que se ocupe de producir esa impresión.
—A tu mujer, ¿no?
—A mi mujer y a la persona en cuestión.
Lo pensé un poco y reconocà que era ingenioso.
—Pero ¿qué impresión causaréis en…?
—¿S� —preguntó cuando vacilé.
—En la persona que estará al margen. Acabas de reprocharme que pensara yo en una dama, ¿qué creerá ella de todo esto?
Tuvo que meditar un poco, pero llegó a una conclusión.
—Oh, yo respondo de ella.
—¿Ante la otra dama? —me eché a reÃr.
Se puso serio.
—Ante mÃ. Nos dejará tranquilos. Puesto que será por su bien, lo entenderá.
Lo sentà por él, pero aquello me parecÃa torpe.
—¿Y ella entenderá por qué intereses se salpicará a otra persona?