Lo mas selecto
Lo mas selecto —Pero, querido amigo, mi propósito es sagrado. Y si, además, ella no se considera demasiado buena…
—Ah —dije yo—, está enamorada de ti, y eso no es justo.
—¿No es justo para m� —preguntó.
—Oh, a mà tú me importas un comino. Estoy pensando en el riesgo que corre ella.
—¿Y qué entiendes tú por riesgo?
—A que se encuentre, antes de que termines con ella, con que no puede prescindir de ti.
Me contestó como si lo hubiera pensado ya.
—¿Y no soy yo quien corre mayor riesgo?
—Ah, pero tú lo corres deliberadamente, te metes con los ojos bien abiertos. Pero, dado lo mucho que la aprecio, me gustarÃa estar seguro de que lo comprende perfectamente.
HabÃa estado dando vueltas por mi estudio con las manos en los bolsillos y, al oÃrme, se detuvo en seco.
—¿Hasta qué punto la aprecias?
—Oh, diez veces más que ella a mÃ, asà que eso no debe inquietarte. ¿Entiende que todo es para ayudar a otra persona?
—Mi querido amigo, si es más lista que el hambre…
—¿De manera que ya sabe quién es la otra persona?
Dio media vuelta y después soltó: