Lo mas selecto
Lo mas selecto —Entonces, no tienes esas pruebas de las abominaciones de las que hablas.
—¿Por qué dices que no tengo pruebas?
—¡Puesto que quieres que yo declare como testigo!
—Quiero ir a los tribunales con el caso ganado. Puedes hacer lo que quieras, pero te he avisado y espero que no lo olvides. No lo olvides, porque se te preguntará si hoy te he dicho dónde está y con quién está y qué medidas tengo intención de tomar.
—¿Se me preguntará? ¿Se me preguntará? —repitió la joven.
—Claro, por supuesto. Te interrogarán.
—¡Madre mÃa! ¡Madre mÃa! —exclamó Laura Wing. Volvió a taparse la cara con las manos y, cuando Lionel Berrington abrió la puerta para dejarla pasar, se echó a llorar. Él la miró marcharse, triste, compungido, medio avergonzado, y exclamó para sÃ:
—¡Maldita bestia! ¡Maldita bestia! —pero las palabras hacÃan referencia a su esposa.