Lo mas selecto
Lo mas selecto —Por supuesto, si ella lo dice. Quizá le parezca muy raro, pero no lo he sabido hasta este momento y, sin embargo, tenía la sensación de que, dado que yo no era pariente de usted, necesitaba cierta justificación para consentir que se le impusiera mi presencia de este modo —explicó el joven—. Estábamos comprometidos hace un año; pero desde entonces (si no le importa que le cuente estas cosas; ¡ahora me siento como si pudiera contárselo todo!) lo cierto es que ya no sé qué terreno piso. Parecía que no nos encontrábamos en situación de casarnos. Ahora las cosas están mejor, pero la verdad es que no sé cómo las ve ella. Hace seis meses estaban tan mal que creía entender que ella quisiera romper. Yo no he roto; sólo he aceptado, por ahora (porque los hombres tienen que ser indulgentes con las mujeres), que se me trate como «el mejor de los amigos». Bien, intento serlo. No habría venido aquí si no lo fuera. Me pareció que sería encantador para ella conocerla a usted, en cuanto oí el modo extraordinario en que usted había sabido de su existencia y, por lo tanto, también me pareció encantador ayudarla. Y si consigo ayudarla a conocerla a ella —prosiguió—, ¿no resulta también encantador?
—¡Oh, cuánto me gustaría! —murmuró la señorita Wenham con su habitual tono vago e impersonal—. ¡Son ustedes tan distintos! —declaró con aire soñador.