Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡No sigo! —dijo con un suspiro—. En todo caso, no seguiré. Lo dejo.
—Concluyo que ha estado usted buscando algo —dijo el coronel Voyt— que no es probable que encuentre. No existe.
—¿Y qué es eso? —preguntó la señora Dyott.
—Sólo busco que sea interesante.
—Naturalmente. Pero —replicó Voyt— a usted le interesa algo distinto a la vida.
—Ah, en absoluto. Me gusta la vida… en el arte, aunque la odie en cualquier otro lugar. Es la pobreza de la vida lo que muestra esa gente y los horribles lÃmites, de ambos sexos, lo que representan.
—¡Ah, la hemos pillado! —su interlocutor se echó a reÃr—. Para mÃ, cuando ya está todo dicho y hecho, me parece que dar con la verdad de la verdad, en la medida en que el arte puede aproximarse a ella. Sólo se puede tomar lo que la vida da, aunque, sin duda, quizá sea una pena que no sea mejor. Su queja sobre la monotonÃa de esa gente equivale a una queja sobre sus condiciones. Cuando usted dice que siempre tenemos a la misma pareja, ¿qué quiere decir sino que tenemos siempre la misma pasión? ¡Claro que sÃ! —declaró Voyt—. Si lo que está buscando es otra, eso es lo que no encontrará en ningún sitio.
Maud no dijo nada durante un rato y la señora Dyott pareció esperar.