Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡Seguro que ése es el tema de Maud! —explicó la señora Dyott—: Mostrar una mujer que sà lo sea. Me temo, querida —prosiguió—, que sólo podrás mostrarte a ti misma.
—En ese caso, mostrará el más bello ejemplar que concebirse pueda —y Voyt se dirigió a Maud—. Pero ¿eso no prueba que la vida es, contra su opinión, más interesante que el arte? Usted embellece y eleva la vida; pero el arte serÃa incapaz de utilizarla y, en esa imposibilidad, la estropearÃa.
Cierta conciencia del alcance de la conversación hizo que Maud se ruborizara y se embelleciera su mirada.
—¿Me «estropearÃa»?
—Quiere decir —indicó de nuevo la señora Dyott— que tú estropearÃas el «arte».
—Sin que, por otro lado —Voyt parecÃa estar de acuerdo—, éste dé en absoluto una impresión coherente de usted.
—¡Ella quiere que su historia de amor no le cueste nada! —dijo la señora Dyott.
—Oh, no… estarÃa dispuesta a pagar caro por una historia de amor. Pero no veo por qué las historias de amor… ya que les das este nombre… tienen que reservarse todas, tal como hacen los franceses inveteradamente, para las mujeres malas.
—Oh, ¡y lo pagan caro! —dijo la señora Dyott.