Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿De veras?
—Al menos —se corrigió la señora Dyott—, he deducido (porque no leo esos libros que lees tú, ya lo sabes) que eso es lo que muestran.
Maud, desconcertada, preguntó mirando a Voyt:
—Sin duda, con frecuencia hacen que paguen por su maldad, pero ¿pagan por su historia de amor?
—Querida señora —dijo Voyt—: su maldad reside en la historia de amor. No hay otra. Es una ley dura, si quiere, y extraña, pero la bondad debe vivir sin ese lujo. ¿No reside en eso, precisamente, la bondad? —lo expuso de modo amable y claro, también con cierto pesar, como si lamentara que la verdad fuera tan triste. Su grata mirada parecÃa decir que, si de ellos hubiera dependido, las cosas habrÃan ido de mejor modo—. Ya se ha oÃdo alguna vez su pregunta; al menos, yo ya la he oÃdo. Pero siempre, cuando se plantea a una persona de ideas claras, la respuesta es inevitable: «Cher monsieur, ¿por qué no nos ofrece el drama de la virtud? Chère madame, porque el privilegio de la virtud es, precisamente, evitar el drama. ¿Las aventuras de una dama honesta? Una dama honesta no tiene, no puede tener aventuras».
Antes de hablar, la señora Blessingbourne lo miró a los ojos, sonriendo con cierta intensidad.
—¿Y no dependerá de lo que usted denomine «aventuras»?