Lo mas selecto
Lo mas selecto —Mi pobre Maud —dijo la señora Dyott, como si se compadeciera de tan simple argumentación sofista—. Las aventuras son las aventuras. ¡Y asà son las cosas!
Pero su amiga prosiguió, dirigiéndose al acompañante de ambas, como si no la hubiera oÃdo.
—¿Y no depende, en gran medida, de lo que se considere «drama»? —Maud hablaba como quien ha reflexionado sobre el asunto—. ¿No depende de qué se considera «una historia de amor»?
Su interlocutor dedicó a esos argumentos toda su atención.
—Por supuesto, puede usted llamar a las cosas de la manera que quiera… darles un nombre y atribuirles un sentido diferente. Pero ¿por qué iba a depender de nada más? Detrás de las palabras que empleamos (aventura, novela, drama, historia de amor, en definitiva, tal como decimos en términos generales, la situación) se encuentra el mismo hecho que todas, de una manera u otra, representan.
—¡Exacto! —exclamó la señora Dyott, con plena convicción.
Maud, sin embargo, seguÃa llena de vaguedad.
—¿Y de qué gran hecho se trata?