Lo mas selecto
Lo mas selecto La señora Blessingbourne seguÃa sonriendo y, con un pequeño gesto para acompañar la sonrisa, se limitó a tocarse la zona del corazón.
—¡AquÃ!
Su acompañante la contempló admirada.
—¡Bonito lugar, sin duda…! Pero, por lo que veo, no es el más indicado para convertir ese sentimiento en una relación.
—¿Por qué no? ¿Qué más necesito yo para una relación?
—¡Oh, yo dirÃa que todo tipo de cosas! Y muchas más para que lo sea también para la persona a la que te refieres.
—Ah, no pretendo que lo sea ni que pueda serlo. Sólo hablo por mà misma.
Lo dijo de una manera que la señora Dyott, con una visible mezcla de impresiones, se dio la vuelta rápidamente. Hizo uno o dos movimientos indefinidos, como si buscara algo; después se encontró de nuevo cerca de su amiga, a la cual, con la misma brusquedad, incluso con cierta dureza, dio un beso que podrÃa haber representado tanto su tributo a la exaltada coherencia de sus ideas como un elegante punto final a la discusión.
—Mereces que alguien intervenga en tu favor.
Su interlocutora parecÃa alegre y segura.
—¿Cómo podrÃas hacerlo sin saber…?
—¡Oh, adivinándolo! ¿No es…?