Lo mas selecto
Lo mas selecto Y la señora Dyott, durante el resto de la estancia de Maud, se ajustó al espíritu de estas palabras. La conversación había tenido lugar un sábado por la noche y la señora Blessingbourne siguió en la casa hasta el miércoles siguiente, período durante el cual, puesto que el regreso del buen tiempo se confirmó el domingo, las dos señoras tuvieron un campo de acción más amplio. Dieron paseos en coche, hicieron visitas, vieron cosas interesantes, a cierta distancia; de modo que la charla resultó fácil y el silencio lo fue más todavía. Se había dicho que tal vez el coronel Voyt regresara el domingo, pero pasó el día entero sin señales de él y la señora Dyott, a modo de explicación, se limitó a decir que, probablemente, lo habrían llamado, como solía suceder, para que fuera a la ciudad. Eso fue lo que, en efecto, le confirmó el jueves por la tarde, cuando volvió a acercarse andando y la encontró sola. A consecuencia de la correspondencia del domingo, había tenido que tomar ese día el tren de las 4.15. La señora Voyt había vuelto el jueves y ahora él, para resolver un trabajo ya iniciado en su casa, había ido para unas pocas horas, anticipándose al habitual movimiento colectivo del fin de semana. Tenía que marcharse con uno de los últimos trenes y sus momentos de felicidad estaban contados, hecho que su anfitriona aceptó con la dura flexibilidad que da la práctica. A pesar de la falta de tiempo, sin embargo, el coronel encontró suficiente para hacerle una o dos preguntas que no se referían directamente a la situación de ambos. La primera era un recuerdo de la pregunta formulada el sábado anterior y a la que la entrada de la señora Blessingbourne le había impedido obtener respuesta. ¿Sabía aquella señora que había algo entre ellos?