Lo mas selecto
Lo mas selecto —No, estoy segura. Sólo sabe una cosa —prosiguió la señora Dyott—, pero es muy distinta y no muy divertida.
—¿Y de qué se trata?
—Pues que está enamorada.
Voyt se mostró interesado.
—¿Y te lo dijo?
—Se lo sonsaqué.
Él se mostró divertido.
—¡Pobrecilla! ¿Y de quién?
—De ti.
Si es posible establecer esa distinción, su sorpresa fue menor que su asombro.
—¿Eso también se lo sonsacaste?
—No, no lo dijo. Lo que es mucho mejor. Porque si tú lo supieras, se habrÃa acabado todo.
Él parecÃa divertido y desconcertado.
—¿Y por eso me lo cuentas?
—Me referÃa a que ella sepa que tú lo sabes. Por lo tanto, a ti te interesa que no lo sepa.
—Entiendo… —al cabo de un momento, Voyt insistió—: Tu cálculo es que mis intereses se sacrifiquen a mi vanidad, para que, si tu otra idea es exacta, la llama, gracias a su enfermiza conciencia, se apague en cuanto se asuste de verme tan complacido. Pero te prometo —declaró— que ella no se dará cuenta. ¡Asà están las cosas!