Lo mas selecto
Lo mas selecto Ella lo miraba fijamente y tuvo que admitir, al cabo de un rato, que sÃ, que asà estaban las cosas. Pero, aunque habÃa aclarado el caso, él no estaba todavÃa satisfecho.
—¿Y por qué estás tan segura de que soy yo el hombre?
—Por su forma de negarlo.
—¿Se lo has preguntado?
—Directamente. Y, desde luego, si no fueras tú, habrÃa dicho que sà lo eras… para ocultarme al verdadero.
—¡Vaya dos!
—Además —prosiguió su compañera—, no me faltaba esa prueba.
—Entonces, ¿qué otra prueba tenÃas?
—El estado en que se encontraba antes de que llegaras: por eso te pregunté si la habÃas visto mucho. Y su estado después de que te fueras —añadió la señora Dyott—. Y su estado —remató— mientras estabas aquÃ.
—Pero mientras yo estuve aquà ella estuvo encantadora.
—Encantadora, de eso estoy hablando.