Lo mas selecto
Lo mas selecto Lo dijo en un tono que ponÃa la situación bajo la luz idónea, una luz en la que los dos parecÃan contemplar amablemente, casi con ternura, a la pobre Maud alejándose, con su linda cabeza agachada bajo el peso de una teorÃa que le venÃa grande. Sin embargo, las últimas palabras de Voyt declararon que en ésta —en la teorÃa— algo habÃa que los obligaba a reconocer que Maud no se habÃa mostrado, la tarde en que conversaron, del todo carente de sentido. Su conciencia, si ellos la dejaban en paz —como debÃan hacer piadosamente después de esto— era, a fin de cuentas, una especie de tÃmida historia romántica. No era una historia romántica como la de ellos dos, algo que harÃa feliz a cualquier autor digno de contarla —uno que tuviera la capacidad de invención o pudiera tener el valor necesario—, sino una satisfacción pequeña, amedrentada, famélica, subjetiva que a ella no le harÃa ningún daño ni tampoco ningún bien a los demás. ¿Quién sino un zoquete —él seguÃa firme en su opinión— podrÃa ver en todo aquello la sombra de una «historia»?