Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Y crees que existe el peligro de que te afecte? Ya me entiendes. De que se te meta eso en la cabeza. Ya sabes —insistió ella, puesto que él no decÃa nada—, por preocuparte tanto de Él. En ese caso, seguro que tendrÃas razón al decir que has cometido un error al profundizar tanto.
Y entonces, dado que la actitud de Gedge, que escuchaba sin responder, aunque con expresión un poco apenada por ella, podrÃa haber sugerido que, a pesar de lo desmesurado de la afirmación, se daba cuenta de que contenÃa algo de verdad, la señora Gedge añadió:
—OlvÃdate de tus rondas. Déjalas para el dÃa, déjalas para Ellos.
—¡Ah! —dijo él con una sonrisa—. ¡Si se pudiera! —añadió—. Mis rondas son lo que más me gusta. Es el único momento, como ya te he dicho antes, en que estoy de verdad con él. Entonces no veo este lugar, Él no es este lugar.
—Me da igual lo que no ves —contestó ella con vivacidad—, la cuestión es lo que ves.
Bueno, si se trataba de eso, esperó antes de darle una respuesta.
—¿Sabes lo que hago algunas veces? —y entonces, mientras ella también esperaba—: En la Cámara Natal, cuando voy tarde, con frecuencia apago la luz. Asà está mejor.
—¿Qué está mejor?