Lo mas selecto
Lo mas selecto —Me parece que usted no estaba aquà hace cuatro años —fue casi la primera observación del joven. A Gedge le agradó que lo recordara y le agradó aquella franqueza; tanto más cuanto que no le habÃa dado, en realidad, ningún pie. Los habÃa dejado mirar en el piso de abajo y después los habÃa acompañado al de arriba, pero sin palabras, sin la habitual cantinela de presentador de espectáculo, que no se habrÃa atrevido a repetir. Los visitantes no se lo pidieron; el joven habÃa tomado el asunto en sus manos y, de vez en cuando, dirigÃa a la mujer alguna observación. Sin embargo, Gedge tenÃa la rara sensación de que aquellas observaciones lo tenÃan, en cierto modo, en cuenta; habÃa oÃdo muchas otras, tanto del tipo mojigato como grosero, que podrÃan haberse tomado como desconsideradas con él. Y de la misma manera que nada habÃa ayudado al joven a identificarlo como nuevo vigilante, pronto empezó a unirlos cierto terreno común. Este terreno se hizo inmenso cuando el visitante añadió con una sonrisa—: Recuerdo que habÃa una señora que tenÃa mucho que contar.
Era la sonrisa del caballero; la ironÃa estaba allÃ.
—Ah, se han dicho muchas cosas.