Lo mas selecto
Lo mas selecto Más tarde no habría sabido decir qué camino tomaron para llegar a aquel punto, pero, pasados cinco minutos, se había convertido en parte de su presencia en la Cámara Natal, parte de la mirada del joven, parte del encanto del momento y parte, sobre todo, de una extraña sensación en el interior de Gedge de «Ahora o nunca», a la que éste se entregó de repente, lleno de emoción. No había sido consciente de que estuviera derivando hacia ese rumbo; en realidad, sólo había sido consciente de que pensaba en lo distinta que, en toda su gama, era aquella pareja, tan unida, de otra pareja unida que él conocía. Eran todo lo que él y su mujer no eran; ésa fue, más que ninguna otra, la lección del principio de su conversación. Podría decirse lo mismo de miles de parejas que habían pasado ante él, pero de ninguna con tan interesante intensidad. Y se debía a su libertad trascendente; al cabo de pocos minutos se dio cuenta de que todo se resumía en aquello. El marido había estado allí en alguna ocasión anterior y había tenido alguna impresión que ahora quería compartir con su mujer. Pero, ya en aquel momento, Gedge se dio cuenta, no se la había ocultado a ésta. Nuestro amigo, en definitiva, creyó advertir en el ambiente una agradable ironía que él todavía no había podido permitirse.