Lo mas selecto
Lo mas selecto Aquello pareció caerle bien al visitante: sin duda, lo estaba mirando con mayor atención. A pesar de que no se lo tomaba a pecho, estaba interesado; al menos, estaba divertido.
—Entonces, ¿usted no pretende o, en cualquier caso, no insiste en que…? Me refiero a su opinión personal.
Gedge tuvo la sensación de que, para el americano, poseÃa una identidad que no habrÃa tenido para un británico y, de acuerdo con esa percepción, nuestro amigo sintió el rápido impulso de ofrecer su testimonio.
—A usted no le insisto.
El joven se echó a reÃr.
—De veras… le aseguro que no servirÃa de nada… estoy demasiado interesado.
—¿En… derribarla? —preguntó su mujer con tono ligero—. Según me has contado, eso es lo que te interesarÃa.
—¿Le ha dicho que le gustarÃa derribarla? —intervino Gedge, aunque un poco tembloroso.
La mujer, con su dulce desenvoltura, acogió esta franqueza de manera encantadora.
—Oh, quizá la casa no…
—Eso está bien. Ya ve que vivimos en ella. Nosotros, unas personas vivas.