Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Te importarÃa contarme lo que ha dicho?
—Ha dicho: «¡Mire, querido amigo, la verdad es que…!».
—¿Y ya está?
—Prácticamente. Excepto que soy una bestia ingrata.
—¡Bueno! —respondió ella, sin discrepar.
—¿Crees que lo soy?
—¿Son esas las palabras que ha empleado? —preguntó ella con cierto escrúpulo.
Gedge siguió pensando.
—Las palabras que ha empleado han sido que estoy arruinando el espectáculo y que, por diversas fuentes, ha llegado la noticia hasta Ellos.
—¡Se habrÃa dado cuenta hasta un niño! —y después, como su marido no decÃa nada, añadió—: ¿Han sido ésas sus palabras?
—Exactamente. No podrÃa haber empleado otras mejores.
—¿Y lo ha llamado «el espectáculo»? —preguntó la señora Gedge.
—Claro que sÃ. El Mayor del Mundo.
Ella se estremeció sin dejar de escrutarlo. Pensó un poco, pero sólo un instante.
—Bien, lo es.
—Entonces, tiene su importancia haberlo arruinado. Pero —añadió— me he retractado.