Lo mas selecto
Lo mas selecto —Por supuesto, entiendo lo que quiere usted decir. Corro a ciegas hacia el precipicio y Ellos me contemplan (¡son mis vigilantes!), esperando que llegue el golpe. Es maquiavélico, pero todo es posible. ¿Y a qué se referÃa hace un momento, especialmente si sólo ha oÃdo hablar de mi prosperidad, cuando mencionaba esa «otra luz»?
Durante un instante sus amigos parecieron incómodos, pero el señor Hayes fue al grano.
—Hemos oÃdo hablar de su prosperidad pero recuerde que también lo hemos oÃdo a usted hace apenas unos minutos.
—Estaba decidido a que me oyeran —dijo Gedge—. Asà que les parezco bueno… pero ¿exagero? —su tensa sonrisa seguÃa siendo escéptica.
En todo caso, asà interpelado, su visitante se manifestó.
—Bueno, si no exagera, si dentro de seis meses está claro que no ha exagerado, entonces…
—Entonces ¿qué?
—Entonces es que es magnÃfico.
—Pero claro que es magnÃfico, mejor que nada parecido lo ha sido nunca. Exagero, sÃ, gracias a Dios; o exagerarÃa si hubiera algo que pudiera exagerarse.
—Oh, bueno. ¡Si hay pruebas de que no puede…! —con esto y un gesto expresivo, el señor Hayes despejó sus temores.