Lo mas selecto
Lo mas selecto Su mujer, sin embargo, durante un momento pareció incapaz de abandonarlos.
—Entonces, ¿ellos no quieren ninguna verdad? ¿Ni siquiera para salvar las apariencias?
—¡Apariencias —dijo Morris Gedge— es lo que ofrezco!
Eso hizo que ellos, los otros, se miraran. Después la mujer sonrió.
—Oh, bueno, ¡si eso es lo que piensan…!
—¿Usted, al menos, no? Es usted como mi mujer… —añadió Gedge—. ¡Y lo cierto es que, si no recuerdo mal, hace un año expresé un deseo sobre esa semejanza! En cualquier caso, la asusto.