Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Estaba contigo?
—Sólo un minuto… acaba de llegar. Pero quiere verte a ti.
Gedge miró a los demás.
—¿Y qué quiere, Isabel?
—¡Dios sabe! Ahà está. A esta hora horrible… igual que la otra vez.
Se habÃa vuelto hacia los demás con un gesto nervioso, desbordando hacia ellos su emoción, consternada, a pesar de que fueran desconocidos —como si fuera una mujer del pueblo, pensó él—. Era el ama de casa, con la cabeza descubierta, que charla en la calle sobre la pelea en casa, y Gedge la presentó de inmediato encarnando a este personaje.
—Ésta es mi querida e indecisa esposa, que hará todo lo posible por atenderlos mientras yo me ocupo de nuestro amigo —y le explicó a ella como pudo quiénes eran esos acompañantes que en aquel momento protestaban—: el señor y la señora Hayes de Nueva York, que estuvieron ya aquÃ.