Lo mas selecto
Lo mas selecto Por fin la señora Berrington anunció a Laura que, si había previsto salir, no era necesario que se quedara: de manera que la joven, tras decir adiós con una inclinación de cabeza y una sonrisa a los otros hombres del círculo, se despidió más formalmente del señor Wendover y expresó la esperanza, como hace una joven americana en semejantes circunstancias, de que volvieran a verse de nuevo. Selina lo invitó a cenar tres días más tarde; lo que equivalía a decir que su relación se suspendía hasta entonces. El señor Wendover así lo interpretó y, tras aceptar la invitación, se marchó al mismo tiempo que Laura. Salió de la casa con ella y, una vez en la calle, Laura le preguntó qué camino iba a tomar. Era demasiado tierno, pero le gustaba; no parecía interesado en tonterías y eso, para variar, era un alivio: muchas veces Laura había tenido que pagar con esa moneda cuando se sentía miserablemente pobre. Esperaba que le pidiera permiso para acompañarla, y no sólo en aquel caso concreto, sino también en sentido general. Sería un gesto americano, le recordaría los viejos tiempos; a Laura le gustaría que fuera americano hasta ese punto. No había motivo para que ella se interesara tan pronto por su carácter, sobre todo, puesto que no había caído bajo su hechizo; pero en algunas ocasiones experimentaba un caprichoso deseo de que le recordaran cómo sentía y se comportaba la gente en su país. El señor Wendover no la decepcionó y la imagen de brillante color chocolate de la Quinta Avenida pareció surgir ante ella cuando éste le dijo: