Lo mas selecto
Lo mas selecto —Y lo que ahora estoy haciendo no tiene nada de habitual. No, no es costumbre que las jóvenes de aquà vayan a visitar a sus amigos acompañadas de caballeros que acaban de conocer.
—Entonces, ¿le parecerá raro a lady Davenant? —preguntó el señor Wendover inquieto, movido más por el deseo de fundamentar adecuadamente sus observaciones que por el temor a esa posibilidad. HabÃa aceptado la propuesta de Laura con total serenidad.
—Oh, rarÃsimo —dijo Laura, mientras entraban en la casa. Sin embargo, la anciana ocultó la sorpresa que pudiera haber experimentado y saludó al señor Wendover como si fuera uno más entre la cincuentena de sus parientes. No puso en cuestión su presencia y no le hizo ninguna pregunta sobre su llegada, su partida, su hotel o los asuntos que lo habÃan traÃdo a Inglaterra. Él advirtió, como más tarde le confesarÃa a Laura, que habÃa omitido todas estas formalidades; pero no se habÃa sentido ofendido, sólo lo habÃa señalado como un dato ilustrativo más de la diferencia entre los modales ingleses y americanos: en Nueva York, la gente siempre preguntaba al desconocido recién llegado por el barco y el hotel. El señor Wendover pareció muy impresionado por la ancianidad de lady Davenant, aunque en ocasión posterior confesó a su acompañante que le habÃa parecido un poco alocada, incluso un poco frÃvola para su edad.