Lo mas selecto
Lo mas selecto —Eso creo, pero se oÃa hablar de él.
—Me parece que me referÃa a Edmund Kean —dijo el señor Wendover.
—Comete usted pequeños errores de un siglo o dos —señaló Laura, riéndose. Se sentÃa ya como si hiciera tiempo que conociera al señor Wendover.
—Oh, era muy inteligente —dijo lady Davenant.
—Imagino que era muy magnético —prosiguió el señor Wendover.
—¿Qué es eso? Según creo, empinaba el codo.
—¿Quizá no utilizan esta expresión en Inglaterra? —preguntó el acompañante de Laura.
—Oh, me parece que sÃ, si eso es americano. Ahora hablamos americano. Parecen ustedes muy buenas personas, pero ¡qué jerga utilizan al hablar!
—Me gusta como habla usted, lady Davenant —dijo el señor Wendover con una sonrisa benevolente.
—PodrÃa usted elegir peor —exclamó la anciana; y después añadió—: ¡Salga usted por aquÃ!
Estaban despidiéndose de ella, pero la anciana retuvo la mano de Laura y con un gesto decidido de cabeza señaló la puerta abierta al joven.
—¿Sirve?
—¿Servir para qué?
—Como marido, por supuesto.
—Como marido ¿para quién?
—¡Vaya! Para mà —dijo lady Davenant.