Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Precioso animalito desolado! —Durante el resto de la conversación ella permaneció entre los brazos de la señora Wix, y mientras ambas estaban asà entrelazadas Sir Claude, de pie ante ellas con una taza de té en la mano, las miraba sumido en profundas cavilaciones. Por mucho que ellas pudieran achantarse, no podÃan evitar, pensó Maisie, erigirse en una imagen muy contundente y abrumadora de lo que la señora Wix esperaba de las escasas energÃas de Sir Claude. Ella se dio cuenta, además, de que esta mujer no mejoró la coyuntura al agregar pasado un momento—: Naturalmente nosotras no soñamos con tener toda una mansión. Nos parecerá más que suficiente un pequeño alojamiento cualquiera, por humilde que sea.
—Pero tendrÃa que ser uno que pudiera cobijarnos a todos —dijo Sir Claude.
—Oh, sà —asintió la señora Wix—: el quid está en permanecer juntos. Pero mientras usted aguarda, antes de actuar, a que milady dé el primer paso, se volverá insostenible nuestra situación aquÃ. Usted ignora lo que ayer tuve que pasar por usted… y por nuestra pobre pequeña: fue algo que no puedo prometer ser capaz de volver a soportarlo demasiadas veces. Ella me echó utilizando un vocabulario espantoso; a los sirvientes les ha dado órdenes de que no me sirvan.
—¡Oh, los pobres sirvientes son bellÃsimas personas! —exclamó vehementemente Sir Claude.