Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Oh, no. Es ella quien me ha escrito —aclaró a renglón seguido—. Tampoco ella tiene miedo de tu padre. Absolutamente nadie se lo tiene… no hay duda. —Él siguió hablando mientras el cerebrito de Maisie, que desde hacÃa tiempo tenÃa el resorte filial demasiado relajado como para sufrir ante esta carencia de majestad paterna, especulaba sobre la imprecisa relación existente entre la valentÃa de la señora de Beale y el asunto, en lo referido a la señora Wix y ella misma, de un grato nuevo alojamiento con su común amigo—. Ahora le importarÃa un bledo que el señor Farange armase un follón.
—¿Con motivo de los proyectos de la señora Wix y mÃos de instalarnos contigo? ¿Por qué habrÃa de importarle eso a la señora de Beale? En nada la afectarÃa a ella.
Con las piernas giradas y la mano rebuscando en el bolsillo del pantalón, Sir Claude echó hacia atrás la cabeza por causa de una carcajada atemperada, según creyó advertir ella, por un suspiro apenas perceptible:
—¡Mi querida hijastra, eres deliciosa! A ver, tenemos que pagar la consumición. ¿Te has tomado cinco bollos?
—¿Cómo puedes preguntar eso? —exigió Maisie, colorada bajo la mirada de la joven camarera que se habÃa acercado a su mesa—. Me he tomado tres.