Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Ella se ruborizó por una sensación de gratitud y por la vehemencia de su deseo de que quedara manifiesto que ella no dejaba de caer en la cuenta:
—¡SÃ, lo sé!
—¡Asà que debes ayudarnos a continuar por el buen camino! —Esta vez él se rió.
—¡Qué manera de hablarle a la niña! —exclamó la señora de Beale.
—¡No es peor que la tuya! —replicó él alegremente.
—¡Bueno es quien bueno hace[11]! —repuso ella en el mismo espÃritu—. Puedes ir aligerándote de ropa —siguió para Maisie, dejándola libre. La niña, de pie, era toda emoción:
—Entonces ¿voy a quedarme?… ¿tal como estoy?
—¿Por qué no? Mañana Sir Claude mandará tus cosas.
—Las traeré yo en persona. ¡Palabra de que estaré presente cuando las entreguen! —prometió Sir Claude—. Acércate, te ayudaré a desabrocharte los botones.
Él habÃa requerido a su compañerita desde el lugar donde permanecÃa sentado, y la ayudó a despojarse de sus prendas de abrigo mientras la señora de Beale, a cierta distancia, sonreÃa al comprobar la habilidad de él: