Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Qué gran padrastro tienes! Me siento obligada a hacer constar, ¿sabes?, que él compensa la ausencia de otras personas.
—¡Compensa la ausencia de una niñera! —dijo riendo Sir Claude—. ¿No te acuerdas de que ya te lo dije en cuanto nos conocimos?
—¿Que si me acuerdo? ¡Fue precisamente eso lo que me hizo pensar tan bien de ti!
—Nada me moverÃa —le dijo el joven a Maisie— a contarte lo que a mà me hizo pensar tan bien de ella. —Después de ayudar a la niña a aligerarse de ropa, le dio un dulce beso y una palmadita como para hacerla retirarse. La palmadita fue acompañada de un vago suspiro en el cual reapareció la seriedad de un momento antes—: ¡Asà y todo, si no hubieras poseÃdo el fatal don de la belleza…!
—¿Qué habrÃa pasado entonces? —preguntó Maisie, extrañada de que él hiciera una pausa. Era la primera vez que oÃa hablar de su propia belleza.
—¡Caramba, pues que ahora no estarÃamos aquà todos pensando tan sumamente bien unos de otros!
—Él no se refiere al encanto fÃsico: no posees nada de esa mundanal belleza, querida —aclaró la señora de Beale—. Sencillamente se refiere a la simple y aburrida belleza interior.