Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía —¡Sólo el cielo lo sabe, preciosidad! —contestó la señorita Overmore, abrazándola tiernamente. Realmente no había duda de que esta hermosa amiga la apreciaba. ¿Qué habría podido demostrarlo mejor que el hecho de que antes de que transcurriese una semana, a despecho de la turbulenta separación y de la prohibición de su madre y de los escrúpulos de la señorita Overmore y de la promesa de la señorita Overmore, la hermosa amiga se hubiese presentado en casa de su padre? La mujercita que allí habían contratado por horas, una mujercita gorda y cetrina de nombre extranjero y uñas sucias, quien llevaba a todas horas un sombrero que al principio le había prestado un aire engañoso —bien pronto desmentido— de estar a punto de marcharse, y que además le formulaba a su educanda preguntas que nada tenían que ver con las lecciones, preguntas que el propio Beale Farange, cuando le repitieron una o dos de ellas, reconoció que eran horriblemente vulgares… esta extraña aparición, digo, se esfumó frente a la brillante criatura que lo había desafiado todo por amor a Maisie. La brillante criatura le contó con franqueza a su pupila lo que había acontecido: que no había sido capaz de soportarlo. Había roto la promesa que le hiciera a la señora Farange: había estado contendiendo consigo misma durante tres días y finalmente se había ido derechita a ver al papá de Maisie y le había expuesto a éste la sencilla verdad. Ella adoraba a su hija; no podía renunciar a ella; estaba dispuesta a hacer por ella cualquier sacrificio. Sobre esta base se había convenido en que se quedara en la casa: su valentía se había visto recompensada; ella no le dejó ninguna duda a Maisie sobre la valentía que le había sido precisa. Algunas de las cosas que dijo la institutriz produjeron una singular impresión sobre la niña: por ejemplo, su declaración de que cuando su alumna se hiciera mayor estaría en mejores condiciones de apreciar lo «tremendamente audaz» que necesitaba ser una joven para hacer lo mismo que ella había hecho.