Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Esperémoslo —dijo Beale, casi como con propósito moralizante—. De todos modos cuanto más feliz sea menos querrá tenerte cerca. Por eso es por lo que te insisto —continuó afablemente— para que tomes en consideración este magnÃfico ofrecimiento (hablo en serio, ya lo sabes) del único progenitor que te queda. —Ante esto, los ojos de ambos se encontraron de nuevo en una prolongada y extraordinaria comunión que concluyó con esta exclamación—: ¡Ah, briboncita! —Ella acogió esto del modo que le pareció que a él le agradarÃa más y con tal éxito que lo animó a insistir—: ¡Eres un completo diablillo! —El silencio de ella, tictaqueando como un reloj, encajó incluso esto, en confirmación de lo cual finalmente él espetó—: ¡Ya lo tenÃas decidido con esa otra pareja!
—Y ¿qué si es as� —Sus propias palabras le sonaron extremadamente audaces.
Su padre, casi como en los viejos tiempos, estalló en una carcajada:
—Caramba, ¿es que no sabes que esos dos son infames?
Ella se mostró todavÃa más audaz:
—Me da igual, ¡absolutamente igual!
—Pero si son probablemente la peor gente del mundo y los mayores criminales —acució Beale plácidamente—. Yo no soy hombre, querida, capaz de ocultártelo.