Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía Ante esto, el estupor de Ida hizo que esta dama permaneciera en silencio un rato anormalmente prolongado, tan prolongado que su hija no sólo tuvo tiempo de preguntarse qué vendría a continuación, sino también de advertir perfectamente la extinción de todos los síntomas de dadivosidad materna. Su madre se destacaba allí en toda su grandeza, siguiendo oscura y muda; su cólera continuaba siendo claramente, tal como siempre lo había sido, multiforme y llena de recursos. Siguiendo este criterio lo que ahora ocurrió fue lo que menos esperaba Maisie de ella. Aquella cólera se disolvió, en el crepúsculo estival, paulatinamente en piedad, y poco después tal piedad se expresó en un tono acentuado por el renovado sonido del cierre del monedero. Su madre había vuelto a guardar lo que había extraído.
—Eres una horrenda, espeluznante y lamentable criatura —se lamentó. Y tras esto se dio media vuelta y se alejó con un suave rumor sobre el césped.