Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía Después de que hubo desaparecido, de nuevo Maisie se dejó caer sobre el banco y durante algún rato, en el vacío jardín y en la acrecida oscuridad, se quedó sentada contemplando la imagen que ante ella había dejado la fuga de su madre. Dicha imagen había cesado de ser sólo su madre, del modo más extraño del mundo, para poder también representar a su padre, aquel padre cuyo deseo de que ella estuviese muerta continuaba flotando en el aire. Era una presencia de contornos difusos: seguía frente a ella, abrumándola. Mas ¿qué realidad palpable digna de tener en cuenta representaba tal figura si, por su parte, el señor Farange se marchaba también, se marchaba a Estados Unidos con la Condesa o tal vez simplemente a Spa? Esta pregunta recibió, desde el hotel, una súbita respuesta alegre en la forma de un potente sonido de gong, y en el mismo instante vio a Sir Claude buscándola con la mirada desde el amplio umbral iluminado. Ante esto ella fue a su encuentro y él se encaminó para reunirse con ella sobre el césped. Durante unos instantes ella permaneció en silencio con él tal como, hacía un momento, al final, lo había hecho con su madre.
—¿Se ha ido?
—Se ha ido.