Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Oh, ParÃs, mi querida niña… ¡no tenÃa nada planeado respecto a ParÃs!
Era preciso dar con una réplica adecuada, mas ahora fue en mucho menor grado por mor del rico placer de debatir por primera vez en su vida los pormenores de un viaje por lo que, después de mirarlo unos instantes, ella repuso:
—Pero ¿no es un viaje a ParÃs precisamente el artÃculo genuino, lo que cuando se sale al extranjero…?
Él habÃa vuelto a ponerse serio, y ella se limitó a insinuar aquello; era un modo de hacer justicia a la seriedad de sus existencias. No era compatible, por otro lado, que ella hubiera madurado tanto desde el dÃa anterior y que no reflexionara que si a estas alturas sondeaba un poquito, él admitirÃa que ella ya habÃa dado muestras bastantes de paciencia. De hecho, en la mirada masculina hubo algo que repentinamente, a ojos de ella, volvió mezquina la discreción infantil. Antes de que ella pudiera poner remedio a esto, él ya habÃa respondido a su última pregunta, la habÃa respondido de un modo que fue, entre todos los modos posibles, el que menos se habÃa esperado ella:
—¿… se debe hacer inexcusablemente? Desde luego ParÃs es encantadora. Pero, mi querido muchacho, ParÃs se lo come crudo a uno. Quiero decir que es una ciudad brutalmente cara.