Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Aquella nota la hizo sentir una punzada, súbitamente arrojó una luz más implacable. Entonces ¿es que ellos eran pobres?: vale decir, ¿es que él era pobre, sinceramente pobre dejando aparte las chistosidades sobre la Apollinaris y la carne frÃa? HabÃan llegado al final del largo malecón que circundaba la bahÃa y estaban mirando hacia los peligros de los que se habÃan librado: el nublado horizonte que ocultaba a Inglaterra, la encrespada superficie del mar y los marrones queches que se balanceaban sobre ella. ¿Por qué habrÃa escogido él un periodo de estrecheces para lanzarse a esta escapada al extranjero?… a no ser que precisamente se tratara de una de esas escapadas economizadoras, de las que a menudo ella habÃa oÃdo hablar y a las que, después de otra mirada al nublado horizonte y a las balanceantes embarcaciones, se sintió dispuesta a lanzarse con alegrÃa. Ella le contestó casi adoptando el estilo de él:
—Entiendo, entiendo. —Le dirigió una sonrisa a Sir Claude—. Nuestros asuntos están embrollados.
—En efecto. —Él le devolvió la sonrisa—. Los mÃos no están tan mal como los tuyos; pues es que los tuyos están realmente, mi querido amigo, en tal situación que no les veo salida. Los mÃos pueden pasar… dentro de que son un fiasco.
Ella le dio vueltas a esto, y preguntó:
—Pero ¿acaso Francia no es más barata que Inglaterra?