Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —De la más práctica de las maneras. —De nuevo la señora Wix hizo una pausa; de nuevo habló casi retumbantemente—: Me dio un billete de diez libras.
Ante aquello, sin dejar de mirar hacia el exterior, Sir Claude, desde la ventana, se rió en voz alta:
—¡Conque ya ves, Maisie, que no las perdimos del todo!
—Oh, sà —contestó Maisie—. ¿A que es todo un detalle? —Le sonrió a la señora Wix—: Lo sabemos todo al respecto. —Luego, al advertir que su amiga exhibÃa tanta perplejidad como era compatible con semejante apasionamiento, siguió—: ¿Ella quiere que yo me ocupe de usted?
La señora Wix exhibió una indecisión mayúscula, que, no obstante, mientras Sir Claude tamborileaba con los dedos en los cristales de la ventana, la buena mujer superó de inmediato. A Maisie se le ocurrió que a despecho de aquel tamborileo y de no querer volver el rostro hacia ellas, en realidad estaba tan interesadÃsimo como para abandonarse hasta cierto punto en manos de la buena mujer; cosa que a la niña extrañamente le pareció de pronto una prueba todavÃa más irrefutable que la que él habrÃa podido dar interviniendo.
—¡Ella quiere que yo me ocupe de él —declaró la señora Wix.
Maisie detuvo aquel golpe dirigido contra Sir Claude: