Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía Su labor mediadora no logró obtener resultados apreciables, cierto es, en cuanto a alejar de la señora Wix su visión de la contumacia de Sir Claude, visión que se cernió en el ambienté durante las pausas de la charla y que él mismo, después de una tardanza inequívocamente voluntaria, terminó por hacer funesta irrumpiendo en la habitación —ya eran casi las diez— con un objeto en la mano. Antes de que él hablara, Maisie ya sabía qué era aquello; lo sabía, entre otras cosas, gracias a su oculta conciencia de todo lo que, a partir del rato pasado con su padre al salir de la Exposición, no había sucedido que hubiera podido restablecer el prestigio del señor Farange: lo que sabía era que aquel objeto era algo que representaba una victoria para la señora de Beale. La mera visión presente del rostro de Sir Claude hizo que en el acto ella lanzara a través del último recuerdo que atesoraba del señor Farange una sonda que llegó a profundidades situadas más allá de la seguridad disfrutada durante estos días de fuga. Había envuelto en el silencio dicho último recuerdo: un silencio que, desde el instante de la irrupción de Sir Claude, cedió la mitad de su velo a fin de poder encubrir también la imagen de la esposa del señor Farange. Pero aunque el objeto en la mano de Sir Claude resultó ser una carta que él alzó muy alto, en este simple gesto de él hubo algo que volvió a dejar al desnudo a la señora de Beale.