Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Aquà lo tenemos! —exclamó él casi desde antes de pasar adentro, agitando su trofeo ante ellas y mirándolas primero a una y luego a otra. Entonces se encaminó derechamente hacia la señora Wix; habÃa sacado del sobre dos hojas y les echó un nuevo vistazo para cerciorarse de cuál era cuál. Desdobló una y se la alargó a la señora Wix—: Lea usted esto. —Ella lo miró a él intensamente, como temerosa de algo: era imposible no darse cuenta de que estaba muy excitado. Luego asió la carta, pero no fue el rostro de su institutriz el que escudriñó Maisie durante la lectura. Tampoco, por lo demás, fue dicho semblante el que atalayó Sir Claude: él se quedó de pie junto a la chimenea y, más calmadamente, ahora que ya habÃa cumplido su misión, permaneció en silenciosa comunión con su hijastra.
Cierto es que pronto fue roto aquel silencio: la señora Wix se incorporó con la misma violencia del inarticulado sonido que emitió. La carta se le cayó de las manos y quedó en el suelo: la habÃa hecho ponerse cadavéricamente pálida y de resultas se habÃa quedado sin habla.
—¡Esto es abominable, esto es indecible! —exclamó enseguida.