Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¿Has venido sola?
—¿Sin Sir Claude? —De alguna forma, la señora de Beale semejó todavÃa más esplendorosa—. SÃ, en mi ansiedad por reunirme contigo. ¡Eres una canallita completa! —Y su madrastra, riendo alegremente, le dio en la mejilla una palmadita que en parte fue un pellizco—. ¿Qué andabas tramando y por quién me tomaste? Pero me siento feliz de estar en el extranjero, y al fin y al cabo has sido tú quien me ha mostrado el camino. A lo mejor, sin ti, nunca habrÃa sido capaz de venir… de venir, quiero decir, tan pronto. Bien, pues en cualquier caso ya estoy aquà y si hubierais tardado un momento más en retornar habrÃa comenzado a intranquilizarme. Este establecimiento es muy majo. —Se mostró satisfecha con el sitio y enseguida dijo incluso que era encantador. Luego, con un fervor aún más optimista, tornó al quid de la cuestión—: ¡Soy libre, soy libre! —Por su parte Maisie tornó a otro quid distinto: volvió la mirada hacia la señora Wix, quien seguÃa presa del estupor; volvió a llamar la atención de su vieja amiga hacia los modales supremos con que ella se abstenÃa de desarrollar aquel punto de la libertad. El punto que al siguiente instante sà desarrolló fue la cuestión de Sir Claude:
—¿Dónde está él? ¿No viene?