Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —SÃ: eso es lo que no cesa de repetir. —Por un momento aquello le prestó a él un aire de casi indefensión.
—Dices que ella te importa un bledo —insistió Maisie—. ¿Quieres decir que estáis peleados?
—No hacemos otra cosa que pelearnos.
Ante ella, al decir esto, él se erigió tan afable y hermoso, tan generoso —a despecho de lo que lo preocupara— en reinstauradas campechanÃas, que infundió una luminosa imprecisión al significado, a lo que de lo contrario habrÃa sido quizá la palpable promesa, de sus palabras.
—¡Oh, tus peleas! —exclamó ella desalentada.
—¡Te aseguro que las de ella son de órdago!
—No hablo de las de ella, sino de las tuyas.
—¡Ah, no lo hagas hasta que me haya tomado un café! Te estás volviendo muy lista —agregó. Después dijo—: Supongo que ya habrás desayunado.
—Oh no, aún no he tomado nada.
—¿No has tomado nada en tu habitación? —Pareció del todo compadecido—. ¡Mi querido amigo! Corramos, entonces, a desayunar juntos. —Tuvo una de sus ideas felices—: Diablos, desayunaremos fuera.
—Eso esperaba. Por eso he cogido el sombrero.