Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Claro está que serÃa bastante anticonvencional —insistió Sir Claude—; me refiero al pequeño hogar que formarÃamos los tres; pero ya hemos vivido cosas más raras, ¿no te parece? Las hemos vivido desde hace bastante tiempo. En todo caso nos quedaremos a vivir en el extranjero: es muchÃsimo más sencillo y es decisión nuestra y sólo nuestra; es asunto de nuestra incumbencia y de la de absolutamente nadie más. No lo digo por la señora Wix, pobrecita: le hago entera justicia. La respeto; comprendo sus intenciones; a mà me ha hecho mucho bien. Pero además están los hechos. Están, lisa y llanamente. Y estoy yo, y estás tú. Y ella no se dejará domar. Desde su punto de vista tiene razón. Estoy hablándote del modo más extraordinario… siempre te hablo del modo más extraordinario, ¿verdad? Cualquiera dirÃa que eres una adulta de unos sesenta años y que yo… no sé lo que cualquiera dirÃa que soy yo. ¡Excepto que soy un canalla sin escrúpulos! —insinuó—. He estado terriblemente preocupado, y a esto es a lo que todo ha ido a parar. Nos has hecho el más increÃble bien, y seguirás haciéndonoslo ahora y siempre, ¿me entiendes? No podemos renunciar a ti: tú lo eres todo. Están los hechos, como digo. Ahora ella, la señora de Beale, es tu madre en virtud de lo ocurrido, y yo, por idénticas razones, yo soy tu padre. Nadie puede rebatir eso, y nosotros no podemos desentendernos. Mi idea serÃa buscar una localidad tranquila (hacia el Sur) donde tú y ella estarÃais juntas y vivirÃais tan ricamente como el que más. Y yo también vivirÃa tan ricamente como el que más, ¿sabes?, pues no me alojarÃa con vosotras, aunque estarÃa cerca, a la vuelta de la esquina, lo cual vendrÃa a ser lo mismo. Mi idea serÃa que todo fuese perfectamente abierto y franco. Honi soit qui mal y pense[26], ya sabes. Tú eres lo mejor (tú y lo que podemos hacer por ti) que ninguno de los dos ha tenido nunca —tornó a insistir—. Cuando le digo: «Vamos, renuncia a ella», me arroja a la cara: «¡Renuncia tú!». Siempre es el mismo cÃrculo vicioso; y cuando digo vicioso no quiero hacer un retruécano o como-demonios-se-llame. El obstáculo lo constituye la señora Wix; quiero decir, ya me entiendes, si es que te ha influido. Ha tratado de influirme a mÃ, y sin embargo yo sigo en mis trece. Nunca me he visto en una situación tan apurada: por favor, créeme cuando te digo que sólo se debe a eso que yo te plantee las cosas de este modo. Mi querida hija, ¿acaso no es eso (el plantear las cosas asÃ) la única manera de avanzar hacia alguna parte? Esta idea se me ocurrió ayer, en Londres, tras la partida de la señora de Beale: pasé el dÃa más atrozmente infernal de mi vida. «Ve inmediatamente allá y plantéaselo; deja que ella escoja, libremente, su propio destino». Eso me dije, jovencita, y eso estoy haciendo: planteártelo. ¿Puedes escoger libremente?