Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Esta larga peroración, desgranada lenta e interrumpidamente, con pausas y titubeos, con lapsus y recuperaciones, con el semblante acalorado y la mirada azarada pero suplicante, le llegó a la niña desde una tesitura tan semejante a la suya, que tras la primera conmoción pudo ver claramente su intención y seguirlo paso a paso; máxime teniendo en cuenta que fue a terminar en el mismÃsimo punto de partida. De principio a fin la peroración habÃa sido recorrida subterráneamente por una sola palabra:
—¿A eso lo llamas un «sacrificio»?
—¿El de la señora Wix? Lo llamaré comoquiera que lo llames tú. No pienso rehuir nada; y no lo he hecho, me parece. Puedo afrontar el problema en toda su bajeza. ¿Te parece que por mi parte es un acto de bajeza separarte de ella, acorralarte aquà en este rincón y sobornarte a base de sofisterÃas y croissants con mantequilla para que la traiciones?
—¿Para que la traicione?
—Vaya, para que te despidas de ella.
Maisie dejó reposar la pregunta; la imagen concreta que le habÃa sido presentada era el aspecto más vÃvido de la misma.
—Si me despido de ella, ¿adónde irá?
—Volverá a Londres.
—Quiero decir: ¿qué es lo que hará?