Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Tal como él la exponÃa semejaba maravillosamente reglamentaria; pero pese a todo, mientras ella la estudiaba lo más juiciosamente que estaba a su alcance, extrañamente el cuadro resultante persistió en mostrar algo muy concreto: una vieja y una niña sentadas en profundo silencio sobre un viejo banco erosionado junto a las murallas de la haute ville. Eso habÃa ocurrido justamente el dÃa anterior a aquella misma hora; habÃan enlazado sus manos; se habÃan fundido.
—Creo que todavÃa no te has dado cuenta de la devoción que siente por ti —dijo Maisie por último.
—Sà me he dado cuenta, sà me he dado cuenta. ¡Pero a ese respecto…! —Y exhaló, sabiéndose al descubierto, un oprimido suspiro inquieto: el suspiro, según supo advertir hasta su compañerita, de un hombre profundamente familiarizado con ese alegato: el hombre que con denuedo anhela comportarse razonablemente pero que, si de verdad tuviera que ocuparse de tantas cosas a la vez, siempre se verÃa intolerablemente embrollado. A lo que de hecho todo iba a parar era a que él se daba cuenta perfectamente. Si la señora Wix sentÃa devoción por él, era un motivo adicional para deshacerse de ella.