Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —A ParÃs. ¡Figúrate!
PodÃa figurárselo perfectamente. Se quedaron allà parados y sonrieron, él con todos los periódicos bajo el brazo y ella con los tres libros, uno amarillo y dos color rosa. Él le habÃa contado que los rosa eran para ella y el amarillo para la señora de Beale, implicando de un modo interesante que de esa manera se dividÃa intrÃnsecamente en Francia la literatura infantil y la literatura adulta[27]. Ella era consciente de que tenÃan toda la pinta de quienes se dispusieran a tomar el tren, y enseguida le espetó a su compañero: —Me gustarÃa ir. ¿Me llevarÃas?
Él no dejó de sonreÃr:
—¿De verdad irÃas?
—Ya lo creo que sÃ. Haz la prueba.
—¿Deseas que adquiera los billetes?
—SÃ, adquiérelos.
—¿Sin equipaje?
Ella señaló hacia los cargados brazos de ambos, sonriéndole de la misma manera que él estaba sonriéndole a ella, pero tan sabedora de sentir un pánico que jamás habÃa sentido en su vida, que le parecÃa estar viendo su propia palidez como en un espejo. Entonces se dio cuenta de que lo que estaba viendo era la palidez de Sir Claude: él estaba tan aterrorizado como ella.