Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡No abandono a la niña, no señor! —tronó desde el umbral, avanzando hacia los otros tres pero hablándole directamente a Maisie. Estaba aparejada —decididamente enjaezada— para marcharse, ataviada como cuando su llegada y armada con un abultado bolso mohoso que, casi a modo de hacha de guerra, blandÃa para realzar sus palabras. Era manifiesto que venÃa directamente de su cuarto, donde al instante adivinó Maisie que ya habÃa hecho las disposiciones pertinentes para el traslado de sus efectos personales—. No te abandonaré hasta no haberte dado otra oportunidad. ¿Estás dispuesta a venirte conmigo?
Maisie se volvió hacia Sir Claude, quien pareció haberse resituado a un kilómetro y medio de distancia. Hacia la señora de Beale no se volvió más de lo que la señora de Beale se habÃa vuelto hacia ella: se sentÃa como si hubiera averiguado el secreto de aquella frialdad. ¿Qué se habÃa dicho acerca de esta última propuesta durante el encontronazo entre las dos mujeres? Bastante se dijo ahora, de todas formas, cuando a efectos prácticos le planteó esa misma pregunta a su padrastro:
—¿Te vienes tú? ¿O no te vienes? —inquirió como si aún no hubiese comprendido que tenÃa que renunciar a él. Era el último rescoldo de su sueño. A estas alturas ya no tenÃa miedo de nada.