Lo que Maisie sabía

Lo que Maisie sabía

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—¡Yo pensaba que serías demasiado orgullosa para preguntarle eso! —intervino la señora Wix. La propia señora Wix era netamente demasiado orgullosa.

Pero ante las palabras de la niña la señora de Beale había pegado literalmente un bote:

—¡¿Piensas repudiarme a mí, Maisie?! —Fue un gemido de consternación y reproche, en el cual su hijastra se quedó atónita de entrever que la señora de Beale no había sido conscientemente hostil y que si se había mostrado tan fríamente altanera no había sido por recelo, sino por un extraño aturrullamiento de la vulnerabilidad.

Sir Claude le mostró a la señora de Beale un semblante resueltamente molesto:

—¡No se lo plantees de esa manera! —Desde luego había habido algo peculiar en el tono de la señora de Beale, y por un momento nuestra pequeña se acordó de los viejos tiempos en que tantos de sus amigos habían quedado «comprometidos».

Esta precisa amiga se sonrojó; estaba ante la señora Wix, y aunque se sintió humillada aceptó la sugerencia:

—Es cierto, ésa no es manera. —Entonces demostró que sabía cuál era la manera adecuada—: No digas idioteces todavía mayores, tesoro: vete derechita a tu cuarto y espera allí hasta que pueda ocuparme de ti.


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