Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¿Ahora mismo, tal como estoy? —Se volvió con una inmensa imploración hacia su madrastra, saltándose limpiamente la montaña de cosas que habÃa que «arreglar», el abismo de paquetes que interminablemente hacer—. Andaaaá, ¿puedo?
La señora de Beale le expresó su consentimiento a Sir Claude:
—¿Por qué no? Mañana mandaré sus cosas. —Retocó un poco el atavÃo de la niña, examinándola de arriba a abajo con un poco de preocupación—. No va arreglada como a mà me gustarÃa: su madre se la va a merendar cruda. Pero ¿qué puede hacer una… cuando una no tiene nada con que hacerlo? Y de todas formas esta niña está mejor que cuando llegó, bien puede usted decÃrselo a la madre. Lamento tener que contárselo a usted, pero la verdad es que la pobrecita era todo un espectáculo.
—Oh, yo mismo me encargaré de arreglarla —dijo jovialmente el visitante.
—¡Será interesante ver de qué forma! —A la señora de Beale pareció hacerle mucha gracia—. Debe usted traérsela para que yo lo compruebe; ya discurriremos algún modo. ¡Hasta la vista, pequeño esperpento! —Y sus últimas palabras a Sir Claude fueron que no dejarÃa de vigilarlo para que estuviera a la altura de las circunstancias.